
¿Qué es la nube soberana? Significado, ventajas y casos de uso

Una nube soberana es un entorno de computación en la nube diseñado para organizaciones que no pueden permitirse ninguna ambigüedad en cuanto a dónde se almacenan sus datos, quién puede acceder a ellos y a qué jurisdicción legal están sujetos; por ejemplo, proveedores de asistencia sanitaria, bancos y organismos del sector público. Mantiene los datos bajo el control legal, jurisdiccional y operativo de un país o región específicos, lo que ayuda a las organizaciones a cumplir los requisitos de residencia y soberanía de los datos. Esta guía aborda las ventajas, los mejores casos de uso y las consideraciones que conviene conocer antes de dar el paso.
La adopción de la nube no se ha ralentizado, ni mucho menos. Simplemente sigue ganando impulso año tras año. Eurostat reveló que el 52,7 % de las empresas de la UE contrataron servicios en la nube en 2025, una cifra que habla por sí sola: la nube ya no es la excepción, sino la norma. Y, por eso, las viejas cuestiones sobre rendimiento, escalabilidad y coste ya no bastan. Siguen siendo importantes, claro. Pero ahora también hay que plantearse dónde se almacenan realmente los datos, quién los procesa y si se cumplen normas como la Ley de Gobernanza de Datos (DGA) y el RGPD.
Esa es, en realidad, la razón por la que la «nube soberana» ha suscitado tanto interés últimamente. Las organizaciones quieren mantener el control sobre sus propios sistemas. Quieren que los datos, la infraestructura y las operaciones diarias permanezcan dentro de unos límites que ellas mismas definen, ya sean nacionales o regionales, en lugar de quedar expuestas a la jurisdicción extranjera, que podría llevar esos datos a un lugar que nunca habían previsto.
Detrás de todo esto hay un concepto más amplio: la soberanía de los datos, es decir, el principio según el cual los datos están sujetos a las leyes y al marco normativo del país en el que se recogen o del que son propiedad. La residencia de los datos influye en ello, pero en realidad solo se refiere a la ubicación física de los servidores. La soberanía de los datos va mucho más allá. Tiene en cuenta quién puede acceder a esos sistemas, cómo se llevan a cabo realmente las operaciones diarias, qué tribunales tienen jurisdicción y si un proveedor o un gobierno extranjero podría encontrar alguna forma de ejercer presión para intervenir.
Sin embargo, la cuestión es la siguiente: no todas las empresas necesitan este nivel de protección. Las diferentes cargas de trabajo conllevan distintos niveles de riesgo, y el grado de control que se necesita debe ajustarse al riesgo real al que se está expuesto. Una página web de marketing, por ejemplo, no necesita el mismo nivel de seguridad que un procesador de pagos, los historiales de pacientes de un hospital o un sistema que entrena modelos de IA sensibles. En el resto de este artículo se explica en detalle qué es realmente la nube soberana, cómo funciona, las diferentes formas en que se puede implementar y las ventajas e inconvenientes que conviene sopesar antes de decidir si es la opción adecuada para ti.
¿Qué es la nube soberana?
Una nube soberana es un entorno de computación en la nube diseñado para mantener una carga de trabajo definida bajo el control legal, operativo y jurisdiccional de un país o región concretos. A diferencia de una nube pública, que a menudo distribuye los datos y la infraestructura entre múltiples ubicaciones internacionales, una nube soberana mantiene los datos, las aplicaciones y la infraestructura de apoyo dentro de unos límites geográficos y legales acordados. Esto proporciona a las organizaciones un control directo sobre cómo se almacenan, se accede a ellos y se gestionan sus activos digitales.
En la práctica, esto significa que todos los componentes del entorno, desde la plataforma física de hardware y software hasta las operaciones diarias, se rigen por las leyes y políticas de la jurisdicción elegida. No se trata solo de elegir una ubicación para el almacenamiento. Hay mucho más en juego: quién está autorizado a acceder al sistema, quién gestiona el entorno en el día a día y qué ordenamiento jurídico rige en última instancia el servicio.
Nube soberana y soberanía de los datos
Detrás del concepto de «nube soberana» se esconde un concepto más amplio: la soberanía de los datos. El principio es sencillo: tus datos se rigen por las leyes del país o la región a la que pertenecen, y eso implica mucho más que simplemente elegir la ubicación de un servidor. El lugar donde residen los datos es solo el punto de partida. Es igual de importante saber quién tiene acceso administrativo, qué jurisdicción legal se aplica y si un proveedor o un gobierno extranjero podría influir en algún momento en el servicio.
Al combinar estos controles, las organizaciones obtienen una respuesta real a los requisitos de soberanía, que además respalda objetivos más amplios en materia de regulación y gobernanza.
Dicho esto, una nube soberana por sí sola no garantiza automáticamente que una organización cumpla con la normativa. Esto sigue dependiendo de la configuración del sistema, de cómo se procesan los datos y de las propias obligaciones de la organización en materia de gobernanza, seguridad y aspectos legales.
¿Cómo funciona la nube soberana?
La nube soberana no es una única tecnología. Se trata de varias capas que funcionan al mismo tiempo: arquitectura técnica, disposiciones legales, procedimientos operativos cotidianos y gobernanza del cliente, todas ellas trabajando en la misma dirección para mantener los servicios en la nube bajo el control de un país o una región concretos. Los proveedores la configuran de forma diferente en función del mercado al que prestan servicio, pero hay una serie de principios fundamentales que se repiten una y otra vez. A continuación, analizamos cada uno de ellos con más detalle.
Ubicación y jurisdicción
Hay dos aspectos que cobran especial importancia en este contexto: la ubicación física de la infraestructura y la legislación que se le aplica. Las organizaciones suelen elegir centros de datos situados dentro del país o la región en la que deben permanecer sus cargas de trabajo, de modo que el almacenamiento y el procesamiento se mantengan sujetos al marco jurídico adecuado. También hay un segundo aspecto que merece la pena mencionar. Los proveedores especifican con exactitud qué entidades jurídicas gestionan el servicio, así como qué jurisdicciones tienen autoridad sobre la infraestructura y todo lo que se almacena en ella.
Control de acceso
Solo tienen acceso los usuarios autorizados y el personal del proveedor que cumplen estrictos requisitos de seguridad y jurisdiccionales. La gestión de identidades y accesos, los permisos basados en roles, la autenticación multifactorial, los registros de auditoría y los controles de acceso privilegiado: todos estos elementos funcionan de forma conjunta para garantizar que la administración de un sistema o el acceso a datos sensibles se limite únicamente a las personas autorizadas. Muchos entornos de nube soberana van más allá y adoptan los principios de «Zero Trust», verificando continuamente a los usuarios y dispositivos en lugar de dar por sentado que son de confianza simplemente por el hecho de encontrarse ya dentro de la red.
Cifrado y seguridad
Un cifrado sólido protege los datos frente al acceso no autorizado, tanto en tránsito como en reposo. Sin embargo, el cifrado por sí solo no garantiza la soberanía. Precisamente por eso, muchos proveedores ceden a los clientes el control sobre sus propias claves de cifrado, lo que significa que el propio proveedor no tiene forma alguna de acceder a los datos de los clientes ni de descifrarlos. En combinación con los controles de seguridad de la red y la supervisión continua, estas medidas proporcionan a las organizaciones una protección mucho más sólida para sus cargas de trabajo confidenciales.
Cumplimiento normativo y gobernanza
Las plataformas de nube soberana suelen estar diseñadas para facilitar el cumplimiento de normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), la Ley de Resiliencia Operativa Digital (DORA) y los requisitos específicos de cada sector. Al proporcionar a las organizaciones un mayor control sobre sus datos, contribuyen a simplificar las tareas de cumplimiento normativo y a demostrar el cumplimiento de los requisitos normativos y de gobernanza.
Portabilidad
La nube soberana también debería ofrecer a las organizaciones margen de maniobra. Los proveedores que admiten estándares abiertos, tecnologías interoperables y API comunes facilitan enormemente el traslado de aplicaciones y datos entre entornos. Esto reduce la dependencia de un único proveedor y ofrece a las organizaciones una mayor flexibilidad.
Elegir el enfoque adecuado para la nube soberana
Un sitio web público y un sistema de pago no necesitan el mismo nivel de soberanía; ahí radica precisamente la cuestión. El nivel de soberanía que realmente necesita una carga de trabajo depende de los datos que la sustentan, de la normativa aplicable, de los requisitos de seguridad y del riesgo operativo.
No existe una única forma de implementación válida para todos los casos. Por el contrario, los controles de soberanía pueden aplicarse mediante diferentes enfoques, y cada uno de ellos establece un equilibrio diferente entre soberanía, control operativo, escalabilidad y coste. Elige el enfoque que mejor se adapte a la carga de trabajo, y no al revés.
Nube soberana compartida
Una infraestructura subyacente compartida, varias organizaciones, cargas de trabajo separadas mediante aislamiento lógico, controles de acceso y gobernanza operativa. Eso es una nube soberana compartida. A diferencia de una nube compartida tradicional, aquí toda la plataforma está diseñada para funcionar dentro de un marco legal, jurisdiccional y operativo definido, por lo que la soberanía no es una cuestión secundaria, sino que está integrada en el propio funcionamiento del sistema.
En este enfoque, la escalabilidad sigue siendo elevada y los costes se mantienen bajos gracias a la infraestructura compartida. Por lo general, resulta más adecuado para organizaciones que desean contar con capacidades soberanas sin necesidad de aislamiento físico.
Nube soberana dedicada
Una nube soberana dedicada proporciona una infraestructura exclusiva para una sola organización, sin compartir recursos informáticos ni de almacenamiento con nadie más. Esto ofrece un aislamiento y un control operativos mucho mayores. Suele ser la opción que eligen las organizaciones cuando manejan datos altamente confidenciales o operan en sectores muy regulados, ya que esas situaciones exigen un mayor control de la infraestructura y un aislamiento físico real.
Entornos alojados por el cliente o aislados
A veces, una organización necesita un control total sobre la propia infraestructura física, sin excepciones. En esos casos, se implementa una plataforma de nube soberana dentro del propio centro de datos de la organización, o en otra instalación controlada por el cliente, manteniendo al mismo tiempo los mismos controles soberanos de seguridad, gobernanza y operativos. Se trata del máximo nivel de control físico disponible, y las organizaciones que se enfrentan a estrictas exigencias normativas, de seguridad u operativas suelen optar por ella por ese motivo. La contrapartida es una mayor responsabilidad y un coste más elevado, ya que la gestión de la infraestructura subyacente —y la inversión de capital que conlleva— recae ahora en la propia organización.
Modelos de nube híbrida
No todas las aplicaciones merecen el mismo trato. Una estrategia de nube híbrida tiene esto en cuenta y combina varios entornos informáticos, de modo que cada carga de trabajo se aloje donde mejor se adapte a sus necesidades empresariales, de seguridad y normativas. Los controles soberanos se aplican donde realmente se necesitan, y en ningún otro sitio.
Así es como se aplica esto en la práctica. Las herramientas de colaboración, los entornos de desarrollo y las aplicaciones destinadas al público pueden ejecutarse en una nube compartida estándar sin mayor complicación. Los registros confidenciales de clientes o las cargas de trabajo sujetas a normativa se ejecutan en una nube soberana dedicada o local. Esta división permite a las organizaciones encontrar un equilibrio entre soberanía, flexibilidad y coste sin imponer restricciones innecesarias a todas las cargas de trabajo.
Ventajas de la nube soberana
La gestión de cargas de trabajo sensibles o reguladas resulta mucho más sencilla con la nube soberana. Una gobernanza más sólida, una mayor resiliencia operativa y una auténtica sensación de control sobre todo el entorno son solo algunas de las ventajas. Hay cinco que destacan por encima del resto.
Una gestión de datos más sólida
¿Dónde se almacenan realmente los datos y quién tiene permiso para acceder a ellos? La nube soberana facilita la respuesta a estas preguntas. Los límites jurisdiccionales bien definidos, las políticas de gobernanza sólidas y los controles de acceso dejan poco margen para las conjeturas. Como resultado, la información sensible se gestiona adecuadamente y se reducen las posibilidades de acceso no autorizado o de obligaciones legales contradictorias.
Mayor adecuación a los requisitos normativos
Muchas plataformas de nube soberana están diseñadas para facilitar el cumplimiento de normativas como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley de Resiliencia Operativa Digital (DORA). Gracias a ello, la ubicación de los datos, las operaciones diarias y la gobernanza quedan bajo el control más directo de la organización, lo que significa que adaptarse a las expectativas de los reguladores resulta mucho menos complicado de lo que solía ser.
Mayor seguridad
Los controles técnicos, operativos y administrativos funcionan de forma conjunta en una nube soberana para ayudar a proteger las cargas de trabajo sensibles desde todos los ángulos. Funciones como el cifrado, la gestión de identidades y accesos, y la supervisión continua se ejecutan en segundo plano, respaldadas por procedimientos operativos claramente definidos. En conjunto, estos elementos reducen los riesgos de seguridad y, al mismo tiempo, otorgan a las organizaciones un control mucho mayor sobre cómo se protegen sus propios datos.
Mayor resiliencia operativa
Hay algo que merece la pena destacar: la nube soberana puede mejorar realmente la resiliencia. Las organizaciones obtienen un mayor control sobre su propio entorno en la nube, y la dependencia de infraestructuras u operaciones fuera de la jurisdicción requerida se reduce significativamente. Si a esto se le suman unos procesos operativos sólidos y unas capacidades reales de recuperación ante desastres, las organizaciones acaban estando mejor preparadas para mantener los servicios en funcionamiento y recuperarse rápidamente cuando surge algún problema.
Mayor portabilidad y menor dependencia de los proveedores
Nadie quiere sentirse limitado por un único proveedor. Una nube soberana se basa en estándares abiertos y tecnologías interoperables, que son precisamente lo que ayuda a evitar esa situación. Gracias a ello, las aplicaciones y los datos pueden desplazarse entre entornos sin las dificultades habituales, incluso a medida que las necesidades empresariales, normativas u operativas evolucionan con el tiempo. El resultado es una mayor flexibilidad para la organización y un menor riesgo de quedar atrapado en la dependencia de un proveedor, algo que suele resultar costoso a la larga.
Casos de uso de Sovereign
Aunque las organizaciones de numerosos sectores pueden beneficiarse de una nube soberana, esta resulta especialmente relevante en aquellos casos en los que los requisitos normativos son estrictos, los riesgos de seguridad son elevados o la resiliencia operativa es fundamental.
Datos regulados o sensibles
Existen normas legales, reglamentarias u operativas muy estrictas que regulan la forma en que algunas organizaciones gestionan sus datos, y hay tres grupos que son los que más sufren esa presión. Los proveedores de asistencia sanitaria, las entidades financieras y los organismos públicos encabezan la lista, sobre todo porque disponen de enormes volúmenes de información confidencial.
La sanidad es un buen ejemplo en este sentido. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) considera los datos sanitarios como una categoría especial que merece una protección adicional, por lo que los hospitales y las clínicas tienen motivos de sobra para reflexionar detenidamente sobre dónde se almacenan físicamente esos datos. Las entidades financieras se enfrentan a una situación similar. Los sistemas de pago, los registros de clientes, las plataformas de negociación y las herramientas de gestión de riesgos son todos ellos candidatos a ser objeto de controles soberanos. Los organismos gubernamentales asumen su propia versión de esta responsabilidad, al gestionar los registros de los ciudadanos, los sistemas tributarios, los servicios de identidad pública y los sistemas judiciales. La pérdida de control sobre esos datos, una filtración o una interrupción prolongada del sistema podrían tener graves consecuencias para la sociedad.
La nube soberana entra en juego aquí, al ofrecer a las organizaciones un mayor control sobre la ubicación de los datos, quién puede acceder a ellos y cómo se desarrollan las operaciones en el día a día, lo que hace que cumplir los requisitos normativos y de gobernanza resulte mucho más factible.
Infraestructuras críticas
Altos niveles de seguridad, una resiliencia operativa real y un control riguroso de los sistemas que mantienen todo en funcionamiento: eso es lo que necesitan, por encima de todo, las organizaciones que gestionan infraestructuras críticas. Los sectores de la energía, las telecomunicaciones y el transporte encajan perfectamente en este grupo, dado el importante papel que desempeña, de forma discreta, la infraestructura digital a la hora de mantener los servicios de los que el público depende a diario.
En estos entornos no hay mucho margen de error. Si se permite que se produzca una interrupción, se produce un acceso no autorizado o se pierde el control operativo, aunque sea brevemente, las consecuencias se propagan rápidamente y afectan a la economía, la seguridad y la seguridad pública al mismo tiempo. La nube soberana responde a ese riesgo ofreciendo a las organizaciones un control más firme sobre dónde se alojan las cargas de trabajo críticas, quién puede administrarlas y qué jurisdicción legal tiene la última palabra, todo ello sin sacrificar la resiliencia ni la seguridad en ningún momento.
IA y cargas de trabajo con gran volumen de datos
La inteligencia artificial sigue abriéndose paso en cada vez más organizaciones y, con ella, surge una necesidad creciente de ejercer un control más estricto sobre los datos que alimentan estos sistemas, ya sea para su entrenamiento, ajuste o funcionamiento diario. La nube soberana ofrece un espacio seguro para el tratamiento de conjuntos de datos sensibles, al tiempo que ayuda a las organizaciones a cumplir con los requisitos normativos y de gobernanza.
Esto cobra especial importancia cuando los sistemas de inteligencia artificial empiezan a manejar información confidencial de los clientes, datos empresariales privados u otra propiedad intelectual que una organización no puede permitirse revelar.
¿Cuáles son los riesgos y las ventajas e inconvenientes de la nube soberana?
La nube soberana ofrece un mayor control, pero no está exenta de límites prácticos reales. Las organizaciones deben comparar lo que ofrece realmente un proveedor con lo que la carga de trabajo necesita de verdad, y las afirmaciones de marketing por sí solas no son una guía fiable para ello.
Aumento de los costes
La nube soberana suele ser más cara que los servicios en la nube estándar, sobre todo cuando entran en juego la infraestructura dedicada, los controles operativos especializados o el aislamiento físico. El sobrecoste depende de la arquitectura en cuestión, de la propia carga de trabajo y del grado de soberanía que se requiera realmente. Por ello, a las organizaciones les conviene más comparar el coste total de propiedad con sus propias necesidades de seguridad, normativas y operativas, en lugar de basarse en estimaciones generales que rara vez se ajustan a su situación específica.
Riesgo de concentración y dependencia de los proveedores
Trasladar las cargas de trabajo críticas a un único proveedor de nube soberana reduce la exposición a jurisdicciones extranjeras; eso es cierto. Pero también aumenta la dependencia de ese único proveedor, y una dependencia así puede convertirse en un verdadero problema. Una interrupción grave del servicio, un cambio en las condiciones comerciales, una adquisición o el simple hecho de que el proveedor no satisfaga las necesidades de la organización: cualquiera de estas situaciones podría dejar a la organización en una situación de vulnerabilidad.
Precisamente por eso, la portabilidad, los estándares abiertos y las estrategias multicloud o híbridas merecen ser tenidas muy en cuenta cuando resulten adecuadas. Ayudan a reducir la dependencia a largo plazo de un único proveedor y a mantener intacta la resiliencia.
Exposición jurisdiccional oculta
Hay algo que se suele pasar por alto: no todos los servicios en la nube «soberanos» ofrecen realmente el mismo nivel de soberanía. Un proveedor puede almacenar datos dentro de un país concreto y, aun así, seguir estando sujeto a leyes extranjeras, simplemente por quién es el propietario de la empresa, dónde tiene su sede o qué obligaciones legales tiene. Por ejemplo, la ley estadounidense CLOUD Act puede exigir a determinados proveedores sujetos a la legislación de EE. UU. que revelen los datos que obren en su poder, custodia o control, incluso cuando dichos datos estén almacenados fuera de Estados Unidos.
Así pues, la verdadera cuestión va más allá de dónde se almacenan los datos. Las organizaciones deben analizar quién gestiona el servicio, quién tiene acceso administrativo y qué jurisdicción legal tiene, en última instancia, la autoridad.
Disponibilidad limitada de los servicios en la nube
Algunas plataformas de nube soberana dan prioridad al control operativo, la seguridad y la garantía jurisdiccional frente a la necesidad de igualar todos los servicios que ofrece un proveedor de nube a hiperescala. Esa disyuntiva se hace patente en la práctica. Es posible que falten por completo ciertas herramientas de IA, funciones de análisis o servicios gestionados, o que se lancen más tarde de lo que lo harían en una nube pública a hiperescala. Nada de esto resta capacidad a la nube soberana en lo que ofrece, pero las organizaciones deben confirmar de todos modos que los servicios específicos que necesitan están realmente disponibles antes de trasladar cargas de trabajo críticas.
Cómo varían los requisitos de la nube soberana según la región
Los requisitos de la nube soberana no son los mismos en todas partes; varían considerablemente en función del lugar en el que te encuentres. El país, la región, el tipo de organización de que se trate, el grado de sensibilidad real de los datos y el marco jurídico aplicable: todo ello influye en el panorama general. Precisamente por eso, las organizaciones que operan a nivel transfronterizo suelen necesitar varios enfoques distintos, adaptados a las diferentes cargas de trabajo, en lugar de una única política que pretenda abarcarlo todo.
Europa y la UE
Dentro de la Unión Europea, las decisiones sobre la «nube soberana» giran en gran medida en torno al Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), la normativa que regula cómo las organizaciones tratan, protegen y transfieren los datos personales. Sin embargo, hay algo que conviene aclarar: el RGPD no exige realmente que todos los datos personales permanezcan físicamente dentro de la UE. Se permiten las transferencias internacionales, siempre que se apliquen las garantías adecuadas, y las cláusulas contractuales tipo (SCC) son una forma habitual de hacerlo. Las organizaciones que recurren a las SCC deben comprobar igualmente la legislación y las prácticas del lugar al que se dirigen los datos, y añadir medidas de protección adicionales cuando sea necesario. Hay también un matiz más sutil: incluso si los datos permanecen físicamente dentro de la UE, el hecho de que un encargado del tratamiento acceda a ellos de forma remota desde un tercer país puede considerarse una transferencia internacional.
El RGPD ocupa un lugar central en el marco de protección de datos de la UE, pero no es la única ley que influye en las decisiones sobre la nube soberana. La Ley de Resiliencia Operativa Digital (DORA) refuerza la resiliencia digital específicamente para las entidades financieras. La Directiva sobre seguridad de las redes y la información (NIS2) establece obligaciones en materia de ciberseguridad para las organizaciones que prestan servicios esenciales e importantes. Por su parte, la Ley de Datos se centra en mejorar la portabilidad y el cambio de proveedor en la nube, al tiempo que ofrece cierta protección frente a las solicitudes de acceso ilegales procedentes de terceros países.
La contratación pública también cuenta con su propio marco. La Comisión Europea ha elaborado un Marco de Soberanía en la Nube específicamente para ayudar a las instituciones de la UE a abordar los requisitos de soberanía a la hora de tomar decisiones en materia de contratación pública. Cabe destacar que este marco ofrece orientaciones, en lugar de funcionar como una ley general sobre la soberanía en la nube que sea vinculante para todas las organizaciones.
América Latina y Colombia
Colombia sigue un camino diferente, basado principalmente en la Ley 1581 de 2012, que regula el tratamiento de los datos personales. En términos generales, la ley restringe las transferencias de datos personales a países que no garantizan un nivel adecuado de protección, aunque existen excepciones legales bien definidas.
La legislación colombiana también distingue entre «cesión» y «transmisión». Se produce una cesión cuando otro responsable del tratamiento recibe los datos. Se produce una transmisión cuando un encargado del tratamiento gestiona los datos en nombre del responsable del tratamiento, siguiendo instrucciones contractuales. Esa diferencia es importante, ya que determina cómo se evalúan realmente los flujos internacionales de datos.
Al igual que el RGPD, la legislación colombiana no obliga a que todos los datos personales permanezcan dentro de las fronteras del país. El enfoque adecuado viene determinado por una serie de factores: la función del destinatario, el país de destino, los acuerdos contractuales, las excepciones legales aplicables y las normas específicas del sector.
Las entidades financieras también se enfrentan aquí a una complicación adicional. La Superintendencia Financiera de Colombia ha establecido requisitos adicionales en materia de computación en la nube para las entidades que supervisa. Es recomendable que las organizaciones de este sector consulten directamente las directrices vigentes del organismo regulador, en lugar de dar por buenas las afirmaciones generales de cumplimiento que hagan los proveedores de servicios en la nube.
Organizaciones que operan en varias jurisdicciones
Las organizaciones que operan en varios países deben mantener un inventario claro de dónde se almacenan, tratan, consultan y copian de seguridad los datos. Asimismo, deben identificar las entidades jurídicas implicadas, los subencargados del tratamiento, los mecanismos de transferencia aplicables y los requisitos normativos que se aplican a cada carga de trabajo.
Es poco probable que un servicio en la nube comercializado como «soberano» cumpla todos los requisitos legales u operativos en todas las jurisdicciones. Las distintas cargas de trabajo pueden requerir diferentes modalidades de alojamiento, administración y recuperación ante desastres, en función del lugar en el que operen y de las obligaciones que les sean aplicables.
Conclusión
La «nube soberana» no es un producto concreto ni una tecnología específica. Se describe mejor como un resultado: un entorno que ofrece a las organizaciones un control real sobre sus datos, operaciones e infraestructura, diseñado en función de las necesidades legales, normativas o empresariales que realmente tengan.
El nivel adecuado de control varía en función de cada organización, y tanto la jurisdicción como la carga de trabajo influyen en ello. Por lo tanto, no existe un único modelo de nube soberana que se adapte a todas las situaciones. Elegir la implementación adecuada implica analizar detenidamente diversos factores, como la sensibilidad de los datos, la normativa aplicable, el grado de resiliencia operativa necesario, la dependencia de los proveedores y si existe una salida realista en caso de que las circunstancias cambien —no basta con que aparezca la etiqueta de «soberana» en una página web—.
La soberanía tampoco es algo que una organización adquiera una vez y se olvide de ello. Las leyes cambian. Los requisitos organizativos evolucionan, la tecnología avanza y las necesidades que parecían fijas hace un año rara vez siguen siéndolo. Mantener la soberanía, en la práctica, significa realizar comprobaciones periódicas y asegurarse de que los servicios en la nube siguen ajustándose a los objetivos operativos y de cumplimiento a medida que dichos objetivos cambian. Al fin y al cabo, se trata de saber exactamente qué controles se necesitan, y no confiar en la etiqueta que utilice un proveedor.
Preguntas frecuentes sobre la nube soberana
¿Puede la nube soberana proteger los datos del acceso de gobiernos extranjeros?
No del todo. La «nube soberana» puede reducir la exposición al limitar la jurisdicción del proveedor, el acceso operativo y el control sobre las claves de cifrado, pero no puede garantizar la inmunidad frente a requerimientos legales válidos. Un proveedor puede almacenar datos en un país concreto y, aun así, seguir estando sujeto a legislaciones extranjeras debido a su propiedad, su sede central o sus obligaciones legales. Por lo tanto, el lugar donde se almacenan los datos es solo una parte del panorama. A la hora de evaluar el riesgo de acceso por parte de gobiernos extranjeros, deben tenerse en cuenta las entidades jurídicas del proveedor, la posesión o el control de los datos, las normas de transferencia aplicables y el modelo operativo.
¿Se conservan las copias de seguridad, los registros y los metadatos dentro de la misma jurisdicción?
No necesariamente. Los compromisos relativos a la ubicación de los datos pueden variar según se trate de datos primarios, réplicas, copias de seguridad, sistemas de recuperación ante desastres, registros, telemetría, registros de asistencia técnica, información de identidad o copias de seguridad de claves de cifrado. Las organizaciones deben verificar dónde se almacena y se procesa cada categoría, en lugar de dar por sentado que se aplican las mismas normas a todo el servicio.
¿Es suficiente el cifrado por sí solo para que un entorno en la nube sea soberano?
No. El cifrado es una medida de seguridad importante, pero la soberanía también depende de factores como la jurisdicción, el control operativo, la gestión de identidades y accesos, y la gestión de claves.
¿Una nube soberana cuesta más que una nube pública estándar?
A menudo, aunque no siempre. Los servicios en la nube soberana pueden suponer unos costes más elevados, ya que pueden requerir una infraestructura dedicada, operaciones locales, controles de gobernanza más rigurosos o un cumplimiento normativo más estricto. No obstante, el coste depende del modelo de implementación, de los requisitos del servicio y del nivel de soberanía que necesite una organización.
¿Qué ocurre si un proveedor de servicios en la nube soberana cambia de propietario?
Un cambio de titularidad puede afectar a la jurisdicción a la que está sujeto un proveedor, así como a su control operativo, a sus subcontratistas y a su dependencia de los proveedores. Las organizaciones deben asegurarse de que sus contratos exijan la notificación de cambios significativos e incluyan el derecho a rescindir el contrato, recuperar sus datos y migrar los servicios cuando sea necesario. La portabilidad técnica también debe comprobarse antes de que se produzca un cambio de titularidad. Una organización que, en la práctica, no pueda exportar sus datos y aplicaciones tiene un control limitado, independientemente de lo que establezca el contrato.
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